No estamos hechos de átomos, sino de historias
- Leslie Villatoro

- hace 14 horas
- 4 Min. de lectura
Hay una frase que leí hace tiempo y que no ha dejado de resonar dentro de mí:
“No estamos hechos de átomos, estamos hechos de historias.”
Y cada vez que la pienso, encuentro más verdad en ella.
Hace unas semanas viví algo que me recordó profundamente esta idea.
Estaba en Ciudad de México un domingo por la tarde y tenía planeado regresar a Querétaro ese mismo día. Pero de pronto comenzaron a circular noticias inquietantes: bloqueos en carreteras, autos incendiados, amenazas, una tensión que se sentía en el ambiente.

Cuando llegué a la terminal de autobuses me dijeron algo que me dejó helada:
“Puede subirse al camión… pero es bajo su propio riesgo. No se lo recomendamos.”
En ese momento sentí cómo algo dentro de mí se movía.
No sabía cuándo podría regresar a casa.
No sabía cuánto tiempo tendría que quedarme ahí.
No sabía qué podía pasar en las carreteras.
Durante dos días estuve viviendo con esa sensación de incertidumbre, con ganas de regresar, de sentirme segura, de estar en mi casa… pero sin poder hacerlo.
Finalmente pude volver el martes por la mañana.
Todo terminó acomodándose.
Pero mi cuerpo ya había reaccionado.
Me enfermé de gripa.Tenía tos. Dolor de garganta.
Y no fui la única. Muchas personas reportaban síntomas similares esos días.
En ese momento recordé algo que trabajo constantemente en terapia:
Lo que sucede dentro de nuestra piel muchas veces tiene que ver con cómo percibimos lo que ocurre fuera de ella.

El cuerpo también escucha nuestras historias
La mayor parte de lo que hemos vivido se va incorporando poco a poco a nosotros.
A nuestros pensamientos. A nuestras creencias. A la forma en que nuestro cerebro filtra la realidad.
Pero también a nuestro cuerpo.
La historia que nos contamos sobre lo que vivimos se convierte en la voz en off de nuestra vida.
Y esa voz no se queda solo en la mente.
Se vuelve química. Se vuelve sensación. Se vuelve biología.
Durante mucho tiempo se pensó que las emociones ocurrían solamente en la mente. Pero las neurociencias actuales han demostrado algo diferente.
El neurólogo Antonio Damasio explica que la mente no está solamente en el cerebro: la mente está en el cuerpo. Nuestros sentimientos nacen de la interacción constante entre lo que percibimos y lo que ocurre dentro de nosotros. El cuerpo es la fuente de nuestros sentimientos.
Sin el cuerpo, la emoción no existiría
En 1884, el psicólogo William James propuso una idea revolucionaria para su época: la emoción no ocurre primero en la mente, sino en el cuerpo.
Imagina que vas caminando por el bosque y de pronto aparece un oso frente a ti.
¿Qué ocurre?
Tu corazón se acelera.Tu respiración cambia.Tus músculos se tensan.Tus manos se enfrían.Tal vez tus intestinos se mueven.
Según esta teoría, no temblamos porque tenemos miedo.
Sentimos miedo porque nuestro cuerpo está temblando.
La emoción surge cuando nuestra mente interpreta lo que el cuerpo está sintiendo.
Cuando se trata del drama de los sentimientos, nuestro escenario es la carne.

A nuestro cerebro no le importa la verdad
Hay algo fascinante que también sabemos hoy gracias a las neurociencias:
Cada vez que recordamos algo, lo modificamos.
Es decir, nuestra historia no es necesariamente lo que ocurrió… sino cómo lo interpretamos.
Y nuestro cerebro tiene una prioridad muy clara:
No le importa la verdad.Le importa la coherencia.
Por eso muchas veces repetimos historias internas que ni siquiera cuestionamos.
Historias como:
“No estoy a salvo.”
“Tengo que estar alerta.”
“No puedo confiar.”
“Algo malo puede pasar.”
Cuando esas historias se repiten muchas veces, el cuerpo termina creyéndolas.
Y empieza a reaccionar en consecuencia.
Cuando el cuerpo intenta resolver un conflicto

Desde la perspectiva de la biodescodificación y también desde lo que algunas corrientes llaman nueva medicina germánica, los síntomas pueden entenderse como programas biológicos de adaptación.
Es decir:
El cuerpo no se enferma porque sí.
El cuerpo intenta dar una respuesta biológica a una experiencia que nos desestabilizó.
A veces esa experiencia es real.
A veces simbólica.
A veces imaginaria.
A veces virtual.
Pero para el cerebro y para el cuerpo, lo importante es cómo fue percibida.
En mi caso, la experiencia estaba teñida de miedo.
Miedo a no poder regresar.
Miedo a la incertidumbre.
Miedo a la amenaza en el territorio.
Desde esa perspectiva, no es extraño que el cuerpo responda activando ciertos tejidos o sistemas relacionados con esa vivencia.
El síntoma, entonces, no sería el enemigo. Sería un mensaje.
El cambio como elección
Los humanos estamos muy acostumbrados a lo conocido.
Incluso cuando lo conocido no nos hace bien.
Podemos acostumbrarnos al estrés.
A la ansiedad.
A la tensión constante.
Porque cambiar implica algo que al cerebro no le gusta mucho:
Gastar energía.
Cada cambio requiere crear nuevas conexiones neuronales, nuevos patrones, nuevas formas de interpretar la realidad.
Por eso muchas veces seguimos repitiendo la misma historia.
Pero cuando empezamos a escuchar al cuerpo, algo cambia.
El síntoma deja de ser solo una molestia. Se convierte en una pista.
Escuchar lo que el cuerpo intenta decir

Muchas veces lo que vivimos afuera desestabiliza algo adentro.
Y esa desestabilización busca una salida.
El cuerpo habla.
A veces en forma de cansancio.A veces en forma de tensión.A veces en forma de enfermedad.
Escuchar el cuerpo no significa rechazar la medicina ni ignorar la ciencia.
Significa ampliar la mirada.
Entender que somos mente, cuerpo y emoción al mismo tiempo.
Y que muchas veces la verdadera transformación ocurre cuando atendemos los tres niveles.
Una invitación
Parte del trabajo que hago en terapia consiste justamente en eso:
Acompañar a las personas a descubrir qué historia está viviendo su cuerpo.
Qué emoción quedó atrapada.
Qué conflicto está buscando resolverse.
Qué narrativa interna necesita transformarse.
Porque cuando cambiamos la historia que nos contamos…también cambia la forma en la que nuestro cuerpo vive esa historia.
Y a veces, ahí comienza la verdadera sanación.
Juntos podemos descubrir qué conflicto está buscando resolverse y qué recursos internos pueden ayudarte a transformar esa historia.
Si sientes que es momento de entender lo que tu cuerpo quiere decirte, te invito a buscarme.
Da clic aquí y solicita más información sobre mis sesiones de terapia.
Será un gusto acompañarte en este proceso.
Leslie Villatoro
Terapeuta Holística.





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