33 preguntas para reconocer quién eres hoy
- Leslie Villatoro

- 8 ene
- 5 Min. de lectura

Hay años que no se cierran. Se acomodan.
Años que no se entienden del todo mientras los estás viviendo, pero que un día —sin aviso— te piden que te detengas a mirarlos con más calma. No para evaluarlos. No para juzgarlos. Solo para reconocerlos.
Cuando la exigencia cansa más que el camino
Durante mucho tiempo me miré a mí misma frente a un espejo desde la mirada de la exigencia.Desde la idea de lo que debí haber hecho.Desde la comparación silenciosa con otras versiones, con otros tiempos, con otras mujeres —incluida yo misma en mi imaginación.
Y aunque por fuera seguía funcionando, avanzando, sosteniendo, por dentro algo se tensaba. Como si nunca fuera suficiente. Como si siempre llegara tarde a mi propia vida. Eso fue extremedamente desgastante… espero que no sepas de lo que hablo.
Con los años —y con muchos procesos de conciencia, de cuerpo, de emoción— entendí que mi trabajo interior no tenía que ver necesariamente con perfeccionarme, sino con conocerme mejor. Con entender cómo habito mis días. Cómo me hablo cuando me canso. Cómo me trato cuando no tengo respuestas. Cómo me acompaño cuando la vida no se parece a lo que imaginé.

Mirar atrás sin romper el amor propio
Hoy sé que no puedo volver atrás a mirar mis versiones pasadas sin juicio, sin romper algo esencial: el amor propio.Porque cada paso que di lo hice con los recursos que tenía en ese momento.Con la conciencia que alcanzaba.Con el cuerpo que podía.Con la emoción que sabía sostener.
Y sí, confieso que ahora haría muchas cosas distinto.Pero eso no invalida lo que fue. Lo honra.
Por eso escribo esto.
Porque hay avances que se vuelven invisibles si no los nombramos. ¡Me pasa! se me olvidan las cosas y creo que hay algunas que son muy importantes de recordar.Porque hay procesos que solo se integran cuando les ponemos palabras.Porque escribir, a veces, es una forma profunda de reconciliarnos con nuestra historia.
Por eso, hoy te comparto un ejercicio que he hecho conmigo misma con esta intención, y que te invito a hacerlo contigo. Pero antes… si aún no estas suscrito, suscríbete para que te lleguen mis cartas.
Un espacio íntimo para preguntarte
Me imagino este ejercicio como una escena simple:
sentarte contigo.
Tal vez con un café.
Tal vez con una libreta.
Tal vez solo con silencio.
Y empezar a preguntarte, sin prisa.
¿Quién soy hoy, realmente?
¿Cuántos años tengo en este momento… y cómo me describiría si dejara de ser dura conmigo?
¿Dónde estoy viviendo ahora?
¿En qué ciudad, en qué espacio… y cómo se siente habitarlo en el cuerpo?
¿Cómo es un día común en mi vida hoy, no el ideal, sino el real?
¿Qué hago al despertar?
¿Qué me pesa?
¿Qué me sostiene?
¿Qué preocupaciones ocuparon más espacio en mi mente este año?
¿Cuáles se repiten como un eco silencioso?
¿Y qué parte de mi vida se siente más viva en este momento, aunque sea frágil, aunque no esté resuelta?
¿Cuál fue la incertidumbre más grande con la que caminé este año sin respuestas claras?
¿Cómo fue mi relación conmigo misma cuando nadie estaba mirando?Cuando no tenía que demostrar nada.
¿Qué canción escuché una y otra vez, como si algo en ella me entendiera?
¿Qué lugar visité —o habité— que se volvió refugio, aunque no lo esperara?
¿Qué comí tantas veces que terminó formando parte de mi rutina emocional?
¿Hubo algún espacio, algún restaurante, alguna mesa, que se sintiera hogar por momentos?
¿En qué instante fui genuinamente feliz o estuve en paz, aunque haya durado poco?
¿Qué objeto pequeño mejoró mis días sin hacer ruido?
¿Qué libro, serie, podcast o palabras me acompañaron de verdad este año?
¿Qué sorpresa inesperada trajo la vida —difícil o hermosa— y cómo me atravesó?
¿Cuál fue el mayor desafío que enfrenté este año… y qué versión de mí apareció para sostenerlo?
¿Qué hábito me drenó energía y cuál, sin darme cuenta, me ayudó a seguir?
¿Qué recuerdo de este año todavía duele… y qué parte de mí necesita ser validada ahí?
¿Qué decisión importante no tomé por miedo, y de qué me estaba protegiendo al posponerla?
¿Qué crítica me afectó más de lo que pensé?
¿Qué situaciones, personas o dinámicas me drenaron energía?
¿En qué momentos sentí que mis límites necesitaban más voz?
¿Qué parte de mí sigue pidiendo paciencia, cuidado y tiempo?
¿Qué necesito perdonarme de este año para no seguir cargándolo?
¿Cómo fue mi relación con el amor —hacia otros y hacia mí— y qué me mostró?
¿Qué vínculo debí soltar y no pude, aunque algo en mí ya lo sabía?
¿Qué relación fue más significativa este año, y por qué?
¿Qué aprendí sobre mí que antes no podía ver?
¿En qué crecí de forma silenciosa, aunque nadie más lo haya notado?
¿Qué logro —pequeño, íntimo, invisible— merece ser reconocido hoy?
¿Qué cualidad mía fue clave para llegar hasta aquí?
Si tuviera que nombrar este año con una sola palabra honesta… ¿cuál sería?
¿Y qué me faltó decir?No para reprocharme.Solo para escucharlo.
Tal vez no respondas todas las preguntas hoy.Tal vez algunas se queden abiertas durante meses.Tal vez vuelvas a este texto cuando algo en ti se mueva.
Está bien.
La intención no es terminar el ejercicio,sino habitarlo.
Que estas preguntas no se vuelvan una exigencia más,sino un espacio de encuentro contigo. Para cerrar ciclos, sino para integrar el movimiento de la vida a través de tu conciencia, tu cuerpo, tu mente y tus emociones.
Que al leerte, no te juzgues.Que al recordarte, no te reduzcas.Que al mirarte, puedas reconocer que la persona que eres hoyno llegó tarde,no llegó incompleta,llegó viva.
Porque cuando dejamos de juzgarnos, algo se acomoda.Y desde ahí, la vida —poco a poco— se vuelve más habitable.
Te comparto esto no solo como terapeuta,sino como mujer,como madre,como ser humano que también aprendió a dejar la exigencia para empezar a mirarse con más amor.
Te deseo un 2026 verdadero.
Te abrazo,
Leslie V.
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Leslie Villatoro.


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